En búsqueda de las lágrimas color bronce

Encontrar las lámparas y unas lágrimas que además de su diseño aporten la luz adecuada para un ambiente exclusivo no es tarea fácil.

Lleno de terciopelo, vidrios y espejos color bronce, paredes doradas y rojas, accesorios en madera pintados con una calificada mano artesanal en tintilla de oro, así es el Red Room.

Para salir del lugar común era necesario ir mucho más allá. La República Checa fue el destino, el pequeño país antes conocida como Bohemia, vecino de Alemania, Austria y Polonia, y que en 1993 nace de la división pacífica de Checoslovaquia. Esta nación vio nacer a Daniel Swartz, quien posteriormente cambiara su apellido a Swarovski cuyo  padre fue un artesano del cristal cortado y  dueño de una pequeña fábrica de vidrio. Fue allí donde Swarovski comenzó trabajando como aprendiz y ganando experiencia y habilidades sobre el arte del cristal cortado. Años más tarde se mudó a Austria y patentó una máquina de corte eléctrico para facilitar la producción del cristal, así fue cómo nacieron los cristales más famosos del mundo.

Pero a pesar de ya conocer la famosa marca, el Red Room encontró el toque original. A diferencia de los cristales Swarovski, éstas lágrimas no son talladas a máquina, sino pulidas a fuego, lo que hace que sus facetas sean menos marcadas y por ende su brillo más tenue. Al igual que los vidrios y los espejos son coloreados con un tono bronce para conservar con detalle la luz adecuada en el Red Room.

Así fueron halladas las  lágrimas  que luego se importaron  y ensamblaron por artesanos, en las lámparas que puedes apreciar en tu próxima visita  al Red Room